VÉRTIGO
Antonio Asis, Julio Le Parc, Gregorio Vardanega, Rogelio Polesello, Gyula Kosice, Martha Boto, Perla Benveniste, Eduardo Rodríguez, Luis Tomasello y Manuel Espinosa.
Antonio Asis, Julio Le Parc, Gregorio Vardanega, Rogelio Polesello, Gyula Kosice, Martha Boto, Perla Benveniste, Eduardo Rodríguez, Luis Tomasello y Manuel Espinosa.
En 1958, Alfred Hitchcock estrenó Vértigo, una película que marcó un hito en la historia del cine e introdujo una de las técnicas visuales y narrativas más reconocibles del cine moderno: el dolly zoom. Este recurso altera la percepción del espacio mediante un desplazamiento simultáneo de la cámara y el zoom en direcciones opuestas, generando una sensación de inestabilidad, desorientación y extrañamiento.
Unos años antes, en 1955, la galería Denise René, en París, presentaba la exposición Le Mouvement, donde el arte cinético por primera vez se consolidó como una corriente específica. Los elementos centrales eran el movimiento, espacio y tiempo, que se manifiestan a través de diversos enfoques: obras que sólo se activan mediante el desplazamiento de los visitantes, piezas que se transforman a partir de la interacción directa con el público y dispositivos motorizados que operan de forma autónoma.
La integración del cine con esta manifestación artística, al hacer foco en el lenguaje visual a partir del movimiento, introduce una reflexión específica sobre la percepción como construcción inestable. Tal como señalaba Roger Bordier, en su texto Cinéma, la imagen en movimiento reorganiza la relación entre tiempo, espacio y mirada. Es precisamente en este punto donde se inscribe esta exposición: una indagación común en torno a los modos en que la percepción se activa, se desajusta y se vuelve experiencia.
Esta muestra toma el título Vértigo para presentar una selección de obras de Antonio Asís, Julio Le Parc, Gregorio Vardanega, Rogelio Polesello, Gyula Kosice, Martha Boto, Perla Benveniste, Eduardo Rodríguez, Luis Tomasello y Manuel Espinosa. Al igual que el recurso cinematográfico que la inspira, estas obras producen una inestabilidad visual, generando un campo dinámico en el que lo fijo se vuelve inestable y la percepción entra en constante transformación.
Julio Le Parc como uno de los miembros del Groupe de Recherche d’Art Visuel (GRAV), sentó en París las bases de una práctica centrada en la participación activa del espectador, transformando e irrumpiendo el sentido de la obra hacia la experiencia. Estas investigaciones continuaron su desarrollo en Buenos Aires, en obras que requerían del desplazamiento, la interacción y la variabilidad lumínica dentro de la imagen para desplegarse plenamente de la geometría, en diálogo con antecedentes como los de Gyula Kosice, cuya concepción dinámica de la geometría, iniciada en el grupo Madí, se proyecta y consolida dentro del arte cinético.
En este marco, artistas como Antonio Asís y Manuel Espinosa trabajaron sobre la activación perceptiva a partir de operaciones mínimas, ya sea mediante vibraciones ópticas generadas por unidades cromáticas o a través de sutiles variaciones tonales. A su vez, Luis Tomasello produjo entornos tridimensionales geometricos donde el color y el espacio se transforman según la posición del espectador. Por otra parte, Martha Boto y Gregorio Vardanega, Perla Benveniste y Eduardo Rodríguez desarrollaron investigaciones vinculadas a sistemas motorizados y efectos lumínicos, que profundizaron en la distorsión la luz y el color, evidenciando, en conjunto, la convergencia entre arte, ciencia y tecnología en la construcción de nuevas formas de percepción.
Estos artistas investigaron dispositivos capaces de producir una nueva sensibilidad visual, acorde a la realidad cambiante de la época, así como el cine exploró las posibilidades técnicas de la imagen en movimiento. En ambos casos, se trata de una experimentación con los límites de lo visible y de una puesta en crisis de la estabilidad de la forma, en un contexto atravesado por la expansión de la tecnología y los medios de reproducción, incorporando materiales industriales, sistemas mecánicos y lógicas de serialidad propias de su tiempo.
El arte cinético propone situaciones: experiencias abiertas que invitan a habitar la obra. Como señala Elena Oliveras, en estas piezas hay una excitación constante de la atención, una dimensión de incertidumbre, un “no saber qué va a pasar”, que activa los sentidos y produce una fascinación siempre inestable.
Vértigo propone así un recorrido por un conjunto de prácticas que hicieron del movimiento, real o ilusorio, una tensión, interpelando nuestra manera de percibir, recordándonos que toda visión es, en última instancia, una construcción en movimiento.
Del 15/04 al 26/05