“Pop & post pop”, es la muestra colectiva, bajo la curaduría de María José Herrera,  que reúne los trabajos de Delia Cancelas, Juan Stoppani, Marta Minujín, Eduardo Costa y Edgardo Giménez.

 Fenómeno expansivo e internacional, el Pop fue un movimiento nómade y mi­grante que puso a la vida moderna y sus protagonistas, los jóvenes, en una vidriera hacia el mundo.

En la Argentina, muchos de los que fueron llamados artistas Pop expusieron en el Instituto Di Tella o participaron de su ambiente de abierto internacio­nalismo y trabajo interdisciplinario. Rompiendo los cánones de la tradición. Música, teatro, artes visuales y la experimentación como consigna, dieron por resultado una generación que lució su imaginación en el país y extendió sus frutos maduros a las capitales de la cultura de entonces: Nueva York, Lon­dres y París.

El arte Pop tomó su imagen del glamour de las estrellas de Hollywood y lo tradujo a las de la escena nacional. La moda y sus modelos, las luces y las estrategias de la publicidad, las revistas y la historieta, sembraron un arte nuevo que alejado de dioses e ideales heroicos, como lo definió Jorge Rome­ro Brest. Los artistas se apropiaron del dinamismo y desenfadado de la cul­tura popular urbana y sus producciones. Provocadores e irreverentes vieron en los medios de comunicación de masas una vitalidad para integrar al arte. Moda, arte y diseño se fusionaron para rendir tributo a una cultura de la juventud donde efímero fue sinónimo de intenso.

Pop lunfardo, como lo llamó Pierre Restany, el Pop argentino se expresó con un lenguaje propio, local, que lo identifica por su originalidad.

¿Por qué hablamos de Post-Pop? Porque al igual que ocurrió en el siglo die­cinueve con la mirada que instaló el Impresionismo, luego del Pop nada fue igual. Así lo evidencian los artistas reunidos en esta exposición, pioneros cada uno de ellos en esa fragua de elementos que llamamos arte Pop. Sus obras actuales testimonian la vigencia de aquellas ideas (nuevas, rebeldes, burlonas, trasgresoras, sexies) por las que pusieron el cuerpo en una actitud que hoy entendemos como claramente política, donde libertad y subjetivi­dad no eran instancias a negociar.

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